Allá en la fuente…

Allá en la fuente…

Chorros grandes y chiquitos son la delicia de cientos de capitalinos que se internan en las fuentes secas y no tan secas de la Alameda Central y en la Plaza de la República. Desde hace varios meses, estos espacios acuáticos representan una visita obligada para divertirse y son un buen pretexto para mojarse sin necesidad de un traje de baño.                                                                                                                                      

                    

Texto y fotos: José Lira

 

A falta de playas artificiales en la Ciudad de México, cientos de personas se dan cita en las fuentes de la Alameda Central y en la Plaza de la República para darse un merecido chapuzón durante los días de calor.

Las ya célebres fuentes secas son las preferidas de los improvisados bañistas, ya que están dotadas de sistemas que permiten gran variedad de chorros, que alcanzan hasta 20 metros de altura y, que de noche, cuentan con luz multicolor.

Durante vacaciones, días de asueto y fines de semana, hombres y mujeres de todas las edades, en especial niños y jóvenes, de divierten en esos espacios húmedos bajo la atenta mirada de los curiosos, quienes también terminan mojándose para luego secarse tirados en la plancha de concreto o en las áreas verdes más cercanas.

En la Alameda Central, junto a las esculturas de Venus, Mercurio, Las Américas y Neptuno, la gente improvisa un día de campo, lleva tortas, emparedados, tacos de canasta o de guisados y, si hiciera falta calmar la sed, tepache, aguas frescas y refrescos.

Los bañistas más experimentados cargan en sus morrales y bolsas una buena dotación de toallas para secarse, una muda de ropa y un par de zapatos para no regresar a casa igual que un náufrago.

Las cámaras de los teléfonos celulares se disparan una y otra vez para captar las peripecias de quienes se internan en las aguas saltarinas. Esas imágenes pronto aparecerán en las redes sociales para que más gente visite los espacios acuáticos del corredor Monumento a la Revolución-Alameda Central-Madero-Zócalo.

Al ver tanta alegría y diversión en las 11 fuentes de Alameda Central el espectador recuerda la frase del Virrey Luis de Velasco, quien siempre tuvo en mente que esa zona arbolada de la capital de la Nueva España debería de ser “salida y recreación de los vecinos”.

 

De humedades y quinceañeras

En el caso de la Plaza de la República, la fuente seca lanza 100 chorros de agua que representan el Centenario de la Revolución mexicana. A la par, dispone de una gama de movimientos líquidos que festejan chicos y grandes.

En los últimos meses, se está haciendo costumbre que los fines de semana algunas quinceañeras acudan con sus chambelanes a retratarse junto a la famosa fuente. No faltan los bañistas que quieran posar junto a las jovencitas engalanadas con atuendos que recuerdan las modas de las cortes francesas del siglo XVIII.

Al caer la tarde, la fuente seca de la Plaza de la República se ilumina con un sistema de luces led creando una atmósfera mágica, sublime, poética, digna de ser fotografiada una y otra vez.

Ni mandado a hacer

En la Roma norte, la fuente de La Cibeles, esa bellísima y monumental réplica de la que existe en Madrid, España, también tiene algunos usos alternativos, no precisamente para acoger a bañistas como sucede en la Alameda Central o en la Plaza de la República.

Se trata de algunos jóvenes en situación de calle que aprovechan la abundancia de agua y la tranquilidad del lugar para lavar su ropa y zapatos tenis. Quienes pasan por ahí, no dejan de sorprenderse del uso de la fuente convertido en el lavadero más hermoso del mundo.

Al parecer, a Cibeles, la diosa de la fertilidad, la situación le tiene sin cuidado. Los leones que jalan su carruaje celestial, tampoco parecen inquietarse ante el improvisado tendedero. Total, agua que no haz de beber, déjala correr…

 

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