Así se empieza un Huehuétl

Así se empieza un Huehuétl

La Historia de Don Max, el tallador del Huehuétl

Texto y Fotografía Quetzalli Blanco.

Él es Don Max… ha tallado madera desde hace 60 años, hoy día tiene 74, empezó con canoas para los negocios en Xochimilco, después haciendo imágenes de Santitos para encargos de las Iglesias, Don Max vive en una casita humilde al fondo de un terreno al pie de las montañas del volcán Popocatépetl en el municipio de San Juan Tehuixtitlan, Estado de México, de voz ya cansada pero áspera, Don Max, aquel día lluvioso en el que fuimos se abrió de una manera espléndida, esta es la historia de sus manos labradoras de madera.

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Inició con la madera a los 14 años por tradición de su familia, su trabajo era ahuecar los troncos de las montañas para convertirlos en canoas que después de lijarlas serían llevadas a los embarcaderos de Xochimilco, no fue hasta un evento que él calificó como mágico, que su trabajo, su percepción y hasta sus manos cambiaron.

Cuenta que tuvo un sueño en el que un hombre de apariencia indígena le hacía señas en un paraje oscuro, lo llamaba con sus brazos sin decir una palabra, al principio creyó que era la Muerte quien le hablaba para llevárselo y ante ese temor, en sus sueño, él nunca decidía ir, no fue hasta que en una de esas noches, el hombre que le hablaba parecía estar más cerca que de costumbre, al grado que se podían definir sus ropas pero jamás su rostro, llevaba un maxtle (vestimenta tradicional precolombina de manta)  y fajilla y con voz suave pero “bien segura” le decía que unos señores del D.F. vendrían a verlo, y que él debía ir, porque le tenían un trabajo.

Sin más, a partir de dicha advertencia, los sueños, según Don Max, desaparecieron por un tiempo.

EikontenidoDonMAx2Don Max fue a la Ciudad de México en los días siguientes dado que un “oficinista” habló con él, quién diría que el señor que lo citaba era Carlos Monsivais para pregruntarle si podría tallar un huehuetl. Don Max un poco apenado y con las manos en el rostro nos comentó que en ese momento no tenía ni idea de cómo hacer un tambor prehispánico, pero que algo desde adentro de su corazón le gritaba que dijera a Monsivais un rotundo sí.

Regresó a su casa allá cerca de los volcanes, esa noche tuvo otro sueño, el señor con maxtle y fajilla había regresado, “tu sabes muy adentro de ti, que sabes hacer los huhuetl, así que levante y trabaja”

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Dicho y hecho, Don Max a la mañana siguiente fue a buscar la madera para el “trabajito”…

Él dice que muchos han querido saber cómo se hacen los tambores, pero que eso viene de adentro.

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Asegura que los arboles que deben ser cortados para la creación de los tambores tienen espíritu y que avisan cuando están listos, pero que no todos los árboles hablan, sólo aquellos que conocen a Don Goyo (forma personal de decirle al volcán Popocatépetl), “esos son los árboles con los que uno debe trabajar, ellos no se rompen, son fuertes porque han sido los compañeros del Volcán

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-Yo no sabía, no sabía como hacerle pa´ que sonara bonito, pero algo aquí adentro (golpeándose con los dedos el pecho) hizo que yo moviera mis manos, que empezara a tallar y a cortar, y ya nunca me detuve…  y como no tenía mas que la herramienta de las canoas, tuve que hacer mi propia herramienta y mis manos, parecían estar locas, iba sacando imágenes de mi cabeza que no entendía, después me ayudaron a investigar esas figuras y ya las pude detallar más.

Al principio no sabía como curarlos (curar es la forma en la que el tronco pasa por un proceso para no romperse ni abrirse), “sabía que debía pedirle permiso a nuestra Tonanztin (Nuestra Madre Tierra) para cortar el árbol, sabía que debía sahumarle y darle las gracias al Volcán, pero no sabía qué más hacer pa´ que no se me tronara el tronco.”

EikontenidoDonMAx6EikontenidoDonMAx7“Mi familia nomás me veía quebrarme la cabeza pa´ que no se me abriera la madera, me decían que debía mojarles, o ponerlos en estiércol, o enterrarlos en tierra fértil, pero nada de eso funcionó. Lo intenté enterrando el tronco, metiéndolo en agua, dejándolo a la intemperie, pero nada funcionaba. El señor de mis sueños vino de nuevo, y me dijo que debía usar fuego, que ya había intentado con viento, tierra y agua (los elementos sagrados de la materia según la concepción prehispánica), pero nada de fuego…”

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Don Max puso manos a la obra, y sin mucho más que la simple idea del fuego, intentó calentar los troncos tallados, pero tiro por viaje se le quemaban o se pasaba de temperatura, “después de un tiempo de malos intentos hice el horno de allá atrás, un horno pa´ madera….”

EikontenidoDonMAx11Una vez que el huehuetl está curado, se le pone el cuero que hace que suene, para después irlo tocando y afinarlo si suena “feo le tallo tantito”.

EikontenidoDonMAx8Para muchos la historia de Don Max, puede sonar a todo menos cierta, pero lo real es que está confirmado científicamente* que en nuestro código genético hay recuerdos tan profundamente guardados que si no estamos en las condiciones aptas para que resurjan, muy probablemente jamás sentiremos lo que Don Max, irónicamente dichos recuerdos genéticos pueden despertarse con un olor, un sonido, o con un movimiento, “la cosa es saber entender tu sueño y dejarte llevar, a veces da miedo, pero una vez que dejas esos atrás, todo cambia”

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Don Max sigue tallando madera en su casa, su taller es pequeñito pero no ha sido impedimento para que personas de todo el mundo vengan a visitarlo, algunos de sus clientes fueron Jorge Reyes, el grupo Tribu y Ollimeztli Sexto Sol, sin contar los múltiples grupos de danza prehispánica que le solicitan a él, les haga sus instrumentos. Ha tallado tantos huehuetl y teponaxtles que no recuerda cuántos lleva, Don Max, aún no sabe cómo aprendió a hacer tambores porque cree firmemente que “es cosa de los espíritus“, aún les enseñó a sus hijos y espera que ellos le enseñen a sus hijos también.

*Memoria Genética http://www.abueling.com/blog/memoria-antepasados/
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