¿Qué hacemos con los pobres?

¿Qué hacemos con los pobres?

Un informe del Coneval sobre la pobreza en México pone al descubierto, una vez más, el fracaso de los programas del gobierno federal para disminuir la desigualdad social y, en la mayoría de los casos, han aumentado el número de personas que viven en condiciones lamentables.                                                                                                                                              

 

Por José Lira

La pobreza que persiste en el México del siglo XXI es casi la misma que vieron el Barón de Humboldt, José María Morelos y Pavón e Ignacio Ramírez el Nigromante: dos realidades de un país que no pueden integrarse en uno solo porque no existe la voluntad política para disminuir la desigualdad social y enfrentar de raíz sus causas estructurales.

Ahora que se cumplen 30 años de la muerte del director Luis Buñuel (29 de julio de 1983), su película Los olvidados (1950) está más vigente que nunca, a pesar de los múltiples programas asistencialistas para contener la pobreza, llámense Coplamar, Sistema Alimentario Mexicano, Pronasol, Procampo, Oportunidades y, en fecha reciente, la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Los personajes de Buñuel —el Jaibo, el ciego Carmelo, Julián y el Ojitos— siguen habitando los barrios miserables de la República mexicana, en espera de que la solución al problema de la pobreza la resuelvan “las fuerzas progresivas de la sociedad”, tal y como dice la voz en off (la del propio Buñuel) al principio de Los Olvidados.

A 63 años del estreno de la película —que en su momento provocó la ira de las autoridades en turno y la inmediata censura por “ofender la dignidad de México”— el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó de los resultados de la Medición Multidimensional de la Pobreza 2010-2012, en donde se establece que 45.5 por ciento de la población vive en situación de pobreza, es decir, 53.3 millones de personas, 500 mil más que en 2010.

La población más afectada por el aumento de la pobreza fue la menor de 18 años, la que vive en zonas urbanas y los adultos mayores, quienes presentan rezago educativo y falta de oportunidades laborales.

En cuanto a la población que se encuentra en pobreza extrema, el documento del Coneval indica que hay 11.5 millones de personas, 9.8 por ciento de los mexicanos, menos que hace dos años, cuando había 11.3 por ciento y sumaban 13 millones de personas en esa condición.

El informe revela que en la zona rural la población en pobreza moderada bajó de 17.2 a 16.7 millones, mientras que los pobres urbanos crecieron al pasar de 35.6 a 36.6 millones.

Las entidades que registran mayores índices de pobreza son Chiapas (74 por ciento), Guerrero (69 por ciento), Puebla (64 por ciento) y Oaxaca (63 por ciento).

Para Gonzalo Hernández Licona, secretario Ejecutivo del Coneval, “México sigue siendo una sociedad con mucha desigualdad y le falta mucho por hacer en crecimiento económico, en reducir la informalidad y aumentar la productividad; ya que la pobreza va más allá de la política social y no nos ha ido bien el tema económico”.

Advirtió que existe un problema de empleo formal en el país, desde hace al menos dos décadas, y en el periodo de estudio las transferencias gubernamentales ayudaron a paliar el problema, pero que hay que aumentar los salarios, de por sí muy bajos.

El Nigromante y Julieta Campos

La pregunta, “¿qué hacemos con los pobres?”, formulada por Ignacio Ramírez a Carlos Olaguibel en su carta del 25 de octubre de 1875, es el hilo conductor de una obra indispensable para entender la marginación social en México. Se trata del libro ¿Qué hacemos con los pobres. La reiterada querella por la nación (Aguilar, 1988) escrito por  Julieta Campos, quien a lo largo de más de 600 páginas realiza un recorrido histórico del país para fundamentar su estudio de intrés multidisciplinario que derrumba los mitos creados por el llamado liberalismo mexicano del siglo XIX, la clase política posrevolucionaria y, en particular, los “dogmas” de los tecnócratas.

Al respecto, el historiador Lorenzo Meyer ha escrito: “¿Cual es el problema histórico, de fondo, el no resuelto, ese que constituye el gran peso que desde hace siglos carga la sociedad mexicana en sus espaldas y que le ha impedido alcanzar el destino que sus diversas élites gobernantes le han prometido como el gran proyecto nacional? Una posible respuesta es: la pobreza. En efecto, la pobreza es, a la vez, la raíz y el resultado de la serie de fracasos que, como cuentas de un trágico rosario, forman la herencia que han dejado los sucesivos grupos gobernantes que desde el siglo XVIII han buscado modernizar a México presentando el interés de quienes ejercen el poder como el interés general del reino, primero, y de la nación después”.

Meyer señala que “en la renovada disputa por la nación a raíz del fracaso del desarrollismo, el triunfo correspondió al neoliberalismo. Montado en su victoria mundial, el neoliberalismo retornó a la propuesta del combate de la pobreza por la vía del goteo, esa que propuso el Nigromante el siglo pasado y que en la práctica no dio ningún resultado. Para los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, la obligación primera del Estado es concentrar el esfuerzo del conjunto en auxiliar a unos pocos a concentrar enormes cantidades de recursos —Vitro, Cemex, Carso, Televisa, Cifra, Banamex, Comermex, etcétera— para que ellos activen el mercado, y ese mercado, con su magia, resuelva, vía exportaciones, el problema del desempleo y, finalmente —en el último lugar de la cadena causal— el de la pobreza”.

La era del PAN

Con la llegada de los panistas a Los Pinos, la pobreza en México siguió su marcha galopante. Vicente Fox Quesada aseguraba que los pobres tendrían changarro y bocho para sortear la crisis económica, situación que resultó una cómica quimera, muy al estilo del ranchero guanajuatense.

Son lapidarias las cifras del Coneval sobre la pobreza durante el sexenio foxista: de 103 millones de mexicanos, 48 millones 846 mil cayeron a niveles de pobreza patrimonial, y sólo tuvieron ingresos mensuales por mil 625 pesos en las zonas urbanas, es decir, de 54 pesos diarios, y en zonas rurales mil 86 pesos mensuales, o bien, 36 pesos diarios.

La pobreza se acentuó en el campo mexicano, explica el documento del Coneval, y refiere que en los dos primeros años de del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, el número de mexicanos en pobreza alimentaria era de 47 millones, y con Vicente Fox sólo pasó a 44.7 millones pese a los recursos extraordinarios, es decir, únicamente 2.3 millones menos que cuando inició la crisis económica derivada del famoso “error de diciembre”.

El informe del Coneval indica que el sexenio de Vicente Fox inició con 52 millones 700 mil 549 mexicanos en pobreza patrimonial, pero a pesar de los altos ingresos petroleros esa cifra sólo se redujo a 48 millones.

El segundo sexenio panista, encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, agravó la situación de pobreza en México a raíz de la guerra declarada contra el narcotráfico, misma que dilapidó los recursos del erario público, incrementó la migración e incrementó el número de pobres en el país.

Durante el calderonismo, la cifra de pobres aumentó a 52 millones a pesar de que la inversión en programas sociales aumentó cerca de 50 por ciento pero que resultaron insuficientes para proteger a la población de la crisis económica y de muchos de ellos quedó claro el propósito de su creación.

Un informe del Banco Mundial señaló que México  fue el único país en América Latina que de 2006 a 2010 contrajo su Producto Interno Bruto (PIB) por persona. Mientras que desde 2006, el PIB per cápita en Brasil creció 14.8 por ciento; el de Argentina lo hizo en 23.3 por ciento y el de Uruguay 28 por ciento, el de México disminuyó, pasando de 12 mil 658 dólares a 12 mil 498 para 2010.

De 2006 a 2010, el número de pobres en México pasó de 44.7 a 52 millones, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Los nuevos cruzados

Con el regreso del PRI al poder, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha puesto en marcha, a través de la Secretaría de Desarrollo Social, la Cruzada Nacional contra el Hambre, “una Estrategia de Inclusión y Bienestar Social de carácter nacional, que busca garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición de los 7.4 millones de mexicanos que hoy viven en condición de pobreza extrema, y contribuir al ejercicio pleno de su derecho a la alimentación”, según se lee en la página de internet sinhambre.gob.mx

Se trata del programa social más importante del gobierno federal, el cual se presentó el 21 de enero pasado en el estado de Chiapas como una “estrategia social de nueva generación”.

La Cruzada empezó a aplicarse en los 400 municipios del país con los niveles más altos de marginación y pobreza extrema, según las cifras del Coneval.

La característica principal de programa es que usa a comités comunitarios para implementar y supervisar el funcionamiento de la Cruzada con lo que, según el gobierno federal, se incentiva la participación ciudadana y se convierte a los beneficiarios en sujetos productivos.

No obstante, el programa ha recibido críticas por tener un corte electorero y porque no ataca de raíz el problema de la pobreza en México.

Mientras tanto, en Tabasco, dos funcionarios del ayuntamiento de Villahermosa, dieron —a su manera— la respuesta de qué hacer con los pobres: maltratar y humillar a un niño tzotzil que vendía dulces para comprarse un par de zapatos.

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